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El duelo: procesos de maduración personal.

Revisar las actitudes personales ante la pérdida, permitirá no solo comprender el proceso de duelo como una experiencia natural de la vida, sino que, también como una oportunidad de crecimiento y maduración personal.
El cuestionarse estos aspectos vitales nos moviliza a revisar y actualizar nuestro régimen de creencias, nuestras ideas o incluso nuestros valores que hacen que cada uno de nosotros nos situemos frente a nuestra propia VIDA y frente a nuestra propia MUERTE. De ello dependerá de cómo interpretamos los hechos que vivimos e indicarán con qué tipo de emociones y sentimientos nos conectan.
Las conductas inmovilistas no nos ayudan a poder seguir avanzando, solo aportan sufrimiento y mal estar pudiendo generar situaciones de enfermedad.
El dolor suele estar presente en la mayoría de los cambios importantes que la persona vive. Debe de percibirse como un síntoma a sentirlo y aprender de él. Forma parte del aprendizaje, siempre y cuando lo vivamos como un síntoma que debe de ser escuchado, interpretado y seguidamente calmado.

Es saludable tomarse un tiempo para poder identificar y valorar las situaciones que nos producen dolor y resentimiento. Darse cuenta de si están resueltas, permitirnos dejar partirlas y avanzar sin cargas. Perdonar y perdonarnos para sentirnos seres libres y agradecer y agradecernos todo lo vivido y darnos permiso para aprender.
Cambiar estilos de vida, a través de la transformación de los patrones del pasado, liberándonos, perdonándonos y perdonar, nos va a liberar del dolor. Y nos aportan plena conciencia, lucidez y la fuerza necesaria para impulsar cualquier cambio vital.

Las emociones, que están siempre presentes en estos procesos, podemos convertirlas en energía de impulso y que bien canalizadas y expresadas obtendremos mayores niveles de salud.
El miedo, la rabia, la tristeza,.. Están presentes. El miedo es una emoción natural, necesaria y saludable ya que nos aporta protección y nos ayuda a seguir avanzando.
La tristeza es adecuada, ya que nos indica que se ha producido un daño por pérdida, abuso, abandono o separación. La finalidad es que estemos dispuestos a conectar con nosotros mismos y con el entorno, aportando júbilo en la vida y el sentir de haber evolucionado.

El proceso madurativo del ser humano muestra y presenta una gran complejidad, Es un camino que nos conduce a poder sentir LA PLENITUD, LA ALEGRÍA INTERNA Y LA SERENIDAD. Nos permite sentir el amor auténtico, fruto de haber tomado una DECISIÓN que se escoge libremente que es amarme y amar. Con ello hacemos que la energía amorosa sea sanadora y reparadora de nuestras dificultades.
El amor nos permite ver más allá de nuestros límites y los de la otra persona, de sus miedos, idiosincrasias, y errores. El propósito es tener una mirada cálida, próxima y respetuosa, para poder ver la propia esencia pura y la del otro. El amar requiere que nos reconozcamos más allá de las percepciones que obtenemos de los demás.

DIAZ MALLOFRÉ, Ricard
Psicoterapeuta Clínico
Barcelona a 19 de septiembre de 2016

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